lunes, 18 de septiembre de 2017


Los días llegan con sus frutas distintas
los aromas nos engañan, nos regalan,
nos envuelven, nos alimentan,
nunca podemos comerlas todas, 
sólo podemos acariciarlas, 

olerlas o mirar sus colores.
Dará pena ver aquellas que van a pudrirse
pero así es la vida, un frutero precioso,
del que es difícil estar a la altura.



Marcia Trejo (Kikey)

martes, 12 de septiembre de 2017


Farsa y justicia del señor Corregidor. Función con motivo del 58 aniversario del nacimiento de Los Cómicos de la Legua de la UAQ. (Septiembre 2017).
#cómicosdelalegua
#teatroenquerétaro

LA CASA ENCENDIDA


Porque todo es igual y tú lo sabes,
has llegado a tu casa y has cerrado la puerta
con aquel mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario

cuando todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo 

antes de que llegaras,
y encendiste la luz, para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas, como estarán dentro de un año,
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, 

lo mismo que un suicida,
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
humanamente solo,
definitivamente solo porque todo es igual 

y tú lo sabes.



Luis Rosales

miércoles, 6 de septiembre de 2017



FÁBULA DE LA ANGUILA Y EL PULPO

Algo le da a las cosas un clima de alberca,
un aire a cloro y sal se desprende de la luz que quisiera
mirar a través de las cosas.
                                            Algo pasa en el fondo.
El pulpo se recarga y se mueve despacio y tercamente,
como si quisiera desprenderse de la idea
de una almohada que le está molestando.
La anguila lo vigila, cabecea también
y se va irguiendo para mirar qué pasa.
El pulpo abre sus dos brazos más llenos
y la anguila le toca con su boca más breve
los labios duplicados en el centro del pulpo.
Éste cierra los brazos que le quedan
en torno de la anguila y no le deja más
caminos que tensarse e insistir en el pulpo,
y no dar sino a veces marcha atrás.
Los dos se están moviendo, lubricados y vibran,
convertidos en un solo animal que nos explica
                                  por qué se mueve el mar.



Eduardo Casar

lunes, 14 de agosto de 2017

Alina no se dio cuenta, siguió horneando sus panquecitos como todos los días. La mesa tenía  ese florerito con pensamientos,  la harina chisporroteaba por todos lados, los moldes esperaban ansiosos abrazar los sabores de cada panqué y todo parecía igual que siempre.

El problema empezó  esa media mañana en que después de entregar los panquecitos, éstos comenzaron a venderse.  La gente en la cafetería no había notado nada al principio, porque la chica que compró el primero y  un café, se había sentado afuera pensativa y verla llorar no había sido una sorpresa, luego todo fue notándose más, porque la señora Eva que era tan alegre, pidió el tradicional  de chocolate con chispas de colores,  acostumbraba pedir ese y mientras lo mordía, platicaba un poco con la boca llena, de lo lindo que estaba el día, de los planes que tenía para la tarde, etc. y ese medio día mientras el pan entraba a su boca, ella fue quedándose callada, taciturna, con un aspecto triste.  
Los panquecitos se  acabaron –como siempre-  el negocio era un éxito, lástima que a  Alina ese día no le bastaba eso para no sentirse tan infeliz como para no haber sazonado los panquecitos con tanta melancolía y tanta amargura.



Marcia Trejo (kikey)

Toda la mañana he oído una sierra talando el pino que alegraba mis ojos. No era mío. Y nada es para siempre. Espero que tampoco la tristeza.


Ángeles Mastreta

miércoles, 9 de agosto de 2017


Atardecer en La Isla de Orleans en Québec, Canadá.
Foto: Marcia Trejo (Kikey)
Hice pedazos el abecedario
y lo lancé a los charcos que me regaló la lluvia
que ahí se pierda cada letra
con la que he podido escribir esos nombres
los nombres de los dueños de esas miradas
de los dueños de esas sonrisas
de los dueños de estas incertidumbres
que cualquier coche
lance inclemente a la cara de alguien
los no nombres
para que ahí florezcan, para que ahí germinen
para que se alejen de mí
y me dejen respirar
y caminar al ritmo del olor a tierra mojada.


Marcia Trejo (Kikey)