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domingo, 6 de febrero de 2022

 No tengo palabras para describir las jornadas de la siembra. Los mozos van descalzos por los surcos. Colgado al hombro llevan el costal de la semilla, como una hamaca. Con pasos medidos van arrojando los granos y los tapan echándoles tierra con el pie. La cuadrilla parece entregada a una danza lenta y antigua. Los mozos, ensimismados, olvidan sus canciones, sus dichos y sus chanzas. Al volver a mi casa, me vine despacio, solemnemente, sin arrear ni una sola vez al caballo. Como si todas mis esperanzas, y lo mejor de mí mismo, quedara depositado en la tierra. Antes de montar, eché algunos granos de maíz en un surco. Me fijé bien dónde los puse. A ver si tengo buena mano de sembrador.


Juan José Arreola
LA FERIA

viernes, 25 de enero de 2019


ORSO ARREOLA
(Hijo de Juan José Arreola),
en Ciudad Guzmán (Zapotlán), enero 2019

viernes, 26 de febrero de 2016


EPITALAMIO

La amada y el amado dejaron la habitación hecha un asco, toda llena de residuos amorosos. Adornos y pétalos marchitos, restos de vino y esencias derramadas. Sobre el lecho revuelto, encima de la profunda alteración de las almohadas, como una nube de moscas flotan palabras más densas y cargadas que el áloe y el incienso. El aire está lleno de te adoro y de paloma mía.
Mientras aseo y pongo en orden la alcoba, la brisa matinal orea con su lengua ligera pesadas masas de caramelo. Sin darme cuenta he puesto el pie sobre la rosa en botón que ella llevaba entre sus pechos. Doncella melindrosa, me parece que la oigo cómo pide mimos y caricias, desfalleciente de amor. Pero ya vendrán otros días en que se quedará sola en el nido, mientras su amado va a buscar la novedad de otros aleros.
Lo conozco. Me asaltó no hace mucho en el bosque, y sin frases ni rodeos me arrojó al suelo y me hizo suya. Como un leñador divertido que pasa cantando una canción obscena y siega de un tajo el tallo de la joven palmera.


Juan José Arreola

viernes, 4 de septiembre de 2015



Antes la tierra era de nosotros los naturales. Ahora es de las gentes de razón. La cosa viene de lejos. Desde que los de la Santa Inquisición se llevaron a don Francisco de Sayavedra, porque puso su iglesia aparte en la Cofradía del Rosario y dijo que no le quitaran su tierra a los tlayacantes. Unos dicen que lo quemaron. Otros que nomás lo vistieron de judas y le dieron azotes. Sea por Dios. Lo cierto es que la tierra ya no es de nosotros y allá cada y cuando nos acordamos. Sacamos los papeles antiguos y seguimos dale y dale. "Señor Oidor, Señor Gobernador del Estado, Señor Obispo, Señor Capitán General, Señor Virrey de la Nueva España, Señor Presidente de la República...Soy Juan Tepano, el más viejo de los tlayacantes, para servir a usted: nos lo quitaron todo..."






(Fragmento del libro La Feria de Juan José Arreola)

jueves, 17 de febrero de 2011



Desde hace treinta años don Fidencio hace todas las velas de cera que se prenden en el pueblo y las gentes van a preguntarle: ¿Son de cera líquida? Y les clavan las uñas… Porque las velas de cera se calan con la uña. Si uno siente como que la uña se atrapa al clavarla, son de cera líquida. Cuando hay parafina, la uña se resbala.
Calar las velas de don Fidencio es un sacrilegio. Todas las noches el cerero borra con los dedos las ofensivas huellas de desconfianza.

-- Voy a llevar una de a cincuenta. Déjeme escoger…

--Todas son iguales señora, todas son iguales.

--Sí pero hay unas que están muy manoseadas.. Deme ésta que está más limpiecita… no, mejor esta otra. A ver, déjeme ver…



Juan José Arreola
LA FERIA


martes, 13 de julio de 2010


—Hoy que estuve en el juzgado para ver cómo va el asunto de mis tierras, me enteré de un pleito que allí se ventila y que el juez de letras ha tomado como una chanza. Sucede que un arriero que traía unos burros de vacío ha sido demandado por don Tonino a causa de daños en propiedad ajena. Estamos en mayo, y uno de estos serviciales animalitos se echó bruscamente en pos de una hembra que se le fue corriendo, esquiva como todas. Y allí va el burro desbocado y loco tras ella. Corrieron como dos cuadras, y nada se les ocurrió mejor que meterse en la tienda. Durante la trifulca rompieron la olla del tepache y algunos otros enseres que don Tonino estima en dieciocho pesos. El arriero no los quiere pagar alegando que esos son "accidentes de la naturaleza..."



Juan José Arreola
La feria (fragmento)