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martes, 27 de septiembre de 2016



Recordando al querido Hugo, 
a un año de su partida


domingo, 27 de septiembre de 2015


Los ángeles del otoño,
con un dedo en los labios,
le ordenan a la vida que no te despierte.*






Hugo Gutiérrez Vega*
25 de septiembre 2015 (+)

jueves, 11 de julio de 2013


Un cuerpo dormido nos entrega la paz del mundo. 
Me voy sin hacer ruido. 
Te dejo en el país construido por el sueño. 
Al irme siento que sonríes. 




Hugo Gutiérrez Vega

martes, 19 de febrero de 2013


A Hugo Gutierrez Vega, ante todo, lo pensamos como poeta. Sin embargo, ese otro que es él mismo tiene nostalgia intensa del momento en que fue actor, en que vivió en el extraño país del escenario y no tuvo más horizonte que ese, porque ahí habitaba - en palabras del poeta - la verdadera vida. Esa nostalgia, creo, lo acompaña desde siempre: haber sido - no solo mirar sino entregarte con toda tu carne al hacer - , recordar cómo fue aquello y nutrir un afecto inmenso, en sucesivos presentes, por todo lo que implica la palabra teatro.



David Olguín "hugo gutiérrez vega"

jueves, 15 de noviembre de 2012

Carta al poeta José Carlos Becerra
muerto en la carretera de Brindisi


Al escribirla pienso en la muerte de amor que danza en el sueño de Quevedo.

    Era el momento de la conjuración de todas las piedras del camino.
    Lo oportuno era dar marcha atrás y regresar a la ciudad de ámbar.
    Sin embargo yo sé que no podías dejar el viaje y sé también que la llegada no era el objeto del camino.
    Lo que buscabas era llevarte en los ojos todos los árboles, los ríos, los pájaros que pasaban al lado de tu viejo automóvil y que formaban parte de tu cuerpo.
    Ahora sé por qué preguntabas los nombres de los árboles y por qué querías aprender a conocer el canto de los pájaros.
    Estabas lleno de ceibas, de tulipanes, de todas las creaturas del reino vegetal. Tú, como Pellicer, nacido en esa tierra-agua de Tabasco escuchabas el silencio de la creación.
    Te conocimos ya muy tarde, pero pronto te conocimos y aprendimos con gozo a amar los ojos con que veías el mundo.
    Todos los días regresabas de tu casa de un día con un asombro nuevo, con un nuevo motivo para mantener abiertos los ojos. Ibas siempre a decir algo: el cuadro de Turner en la Tate Gallery, un fragmento de sueño de Quevedo, la noche dedicada a Bogart en el National Film Theatre. —Casa Blanca a las 4.30 a.m., café y galletas a las 6 a.m.
    Otra noche hablaste de Quiroga hasta que las ocho de la mañana se desprendieron de los edificios de Park Lane.
    Como tu compromiso era con la pureza extemporánea, con la más arriesgada de las honestidades, hablabas con asombrado amor de la flor amarilla, de todos tus amigos, de tu infancia, de los seres vivos en tus mitos tabasqueños, de las mujeres en que te habías ido quedando, de las cosas de México que tanto te dolían…
    Ahora, con tu muerte, el río de las palabras ha disminuido su caudal.
    No exagero, poeta. No hago tu elogio fúnebre. (La oratoria te daba desconfianza, bien lo sé.) Digo todo esto dando una cabriola de cine mudo, saludándote con mi vieja corbata.
    La vida sigue sin ti, hermano, pero ya no es la misma ni lo será ya nunca para los que te amamos.
    Nos hemos quedado con lo que nos dijiste. Gracias por tus asombros, por esa diminuta certeza de alegría que a todos repartiste.
    Hablaremos de ti como se habla de esos ausentes dones que un día nos da la tierra y que nos quita con su inocente furia al día siguiente.
 

Hugo Gutiérrez Vega
Londres, mayo de 1970

de
Resistencia de particulares
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

miércoles, 2 de mayo de 2012


Eres como una isla, te rodeo
y me ajusto a tus formas.
Me impide hacerles modificaciones
el antiguo temor de hacerte daño.
Por eso me mantengo en tus orillas
y tierra adentro sólo van mis ojos.





Hugo Gutiérrez Vega
Un Cuerpo Como Una Isla
fragmento

lunes, 31 de mayo de 2010


La tarde se quedó en tus manos

y estabas lejos.
Te ofrecí esta tonta angustia
de la edad que avanza
y, aunque no vi tu cara,
sentí tu compasión irónica,
esas semillas de solidaridad
que siembras en eso que llamo mi alma.
(Estoy seguro de que dirás
que esta especie de poema
es demasiado personal
y que a nadie le importarán
los arreglos autobiográficos
hechos en la madrugada
del cuarto de hotel.
No tienes toda la razón.

Esto nos pasa a todos,
aunque algunos no tengan
unas manos que recojan
la soledad solemne
o la cálida burla que la funde
volviéndola cenizas y que, a veces,
ridícula ave Fénix,
se levanta de nuevo
y se refugia en el costado
donde tiembla la carne
y el minuto dibuja un pentagrama
divertido y fatal
como un bolero de 1939.)

Te digo que, burla burlando,
el tiempo nos amansa,
al contemplar los "muros de esta patria"
nos domina la risa.
Al fin, señora, todo permanece,
todo flota en el "polvo enamorado".



Hugo Gutiérrez Vega

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